Espacios

Juan vive entre dos espacios o, quizá, debamos llamarlos realidades: el bosque y la ciudad. Son espacios diferentes y contrastantes. En uno, Juan busca raíces muertas a las que darle vida, se mimetiza entre los rosales y camina al compás de las ramas movidas por el viento. En otro, muestra su arte, talla con un cúter y otorga nueva vida a las raíces. Cada espacio es distinto del otro, pero ambos son necesarios, sobre todo, el bosque. Cuando se adentra en el bosque, Juan tiene un guía del cual dice que brota todo: el sol.

“Si el sol no habría, no existiría árbol y, si el árbol no habría, nosotros no existiríamos, porque el árbol es…prácticamente tendríamos que decir que es nuestro cuerpo. Es un árbol, somos un árbol”

Todos los días Juan recorre el bosque con andares de zorro como bien lo dice. Busca raíces, se deja guiar, las desentierra, las limpias e, incluso, las guarda. Ningún taller es tan suyo como el bosque. Deja las raíces apoyadas sobre algunos arboles o entre las ramas, y cuando llueve, el agua las limpia y las deja listas para ser trabajadas. El bosque es otro cosmos, es donde habita Juan. Nuestros oídos se abren y distinguen los sonidos de pisadas del aire contra las hojas, el agua que baja entre las rocas, el silencio.

La ciudad no es menos importante para Juan: es el escenario para sus raíces. En su esquina en la avenida Landako, Juan expone sus obras, trabaja en ellas con su cúter y también las regala. Algunas raíces ahora forman parte de tiendas en Durango. En un espacio lleno de ruidos, de carros pasar, de gente hablando sin parar, de pasos frenando y acelerando frente al semáforo, Juan lleva las raíces, lleva su bosque.

 

Anuncios